Por qué SIRINGA
 
Revist@ Digit@l del IES Ciudad los Angeles De la sección < Cajón "desastre" > Cajón "desastre"
     
 

Van a ser ciertas las frases " Los viejos rocheros nunca mueren" o "El rock nunca morirá porque es inmortal ". Nos lo demuestran dos amantes del buen rock -profesor y alumno de nuestro instituto- que aún siendo de generaciones muy distintas, comparten gustos musicales y el mismo fervor por el mítico grupo de Hard Rock AC/DC .

Sus respectivas crónicas de los conciertos de este grupo dan fé de ello.

Al final de este artículo, no te pierdas : JOE BONAMASSA (Blues-Rock)

         

Rock and roll...eando

Con AC/DC

por Gaspar T. Jimeno Diestro. Profesor de Biología-Geología y viejo rockero.

por Daniel Rodríguez Rodríguez. Alumno 1º 1 Bachillerato y joven rockero.

             

Cuando en un concierto de rock & roll puedes observar la presencia de jóvenes de doce o catorce años, algunos incluso vestidos a semejanza de Angus Young, junto con veteranos rockeros de más de sesenta, la misma edad que la de los componentes de la banda, sólo puedes pensar en una cosa: que la convocatoria tiene calidad extra y los resultados artísticos son los previsibles, y que no son otros que colmar ampliamente las expectativas depositadas en él. Eso fue lo que sucedió el otro día en el concierto del mítico grupo australiano AC/DC.

Es seguro que nos faltarán adjetivos con los que adornar esta pequeña crónica. Trepidante , en la simple puesta en escena y la observación del brutal guitarra A.Young, una bestia salvaje en el escenario disfrazado de colegial por sugerencia fraterna desde los orígenes del grupo, allá por noviembre de 1973. Treinta y seis años de actualidad. ¿Hay quién de más?

Referido a este miembro del grupo ¿Qué es lo que transforma su frágil cuerpecillo con un andar natural de pato boquiabierto ávido de oxígeno en un ambiente asfixiante en un eléctrico e infatigable atleta, con un “paso de la oca”, inimitable y permanente con el que desfiló a lo largo y ancho del escenario cuantas veces quiso?

Desencajado, sudoroso, violento, sublime, “se quedó” personalmente cuanto quiso, después de desgranar el más que ortodoxo y genial “Let there be rock”, al menos durante diez minutos interminables de reloj, en un “solo” mayestático, absurdo, desvencijado, coherente, inefable,… con cada uno de los quince mil asistentes haciendo de coro disciplinado a sus órdenes. ¿Qué lo convierte en un superman de la guitarra que toca unas veces de pie, arrastras, tumbado, de rodillas, o como le apetezca en el momento, y otras, alzado sobre plataforma elevadora diciendo aquí estoy yo, “the nomber one”? ¿Su sentido de la música quizás?

Atávica, potente, chirriante sin llegar a descarrilar en ningún momento el “Rock & roll train”, incluso ni cuando la locomotora fue literalmente montada por la imposible y explosiva “Whole lotta Rosie”, muñeca hinchada que prodigiosamente acompañaba con su pie izquierdo el ritmo que imponía la banda.

Pocas formaciones actuales pueden ofrecer de entrada un repoker de ases como: Back in black, Dyrty Deeds, Shut down flames, Thunder struck, o Hells bells, en una mano de poker de suerte brutal, y con el cantante Brian Jhonson, haciendo de Quasimodo de campanario imaginario colgado de la cuerda del badajo de la campana en medio del escenario. Genial .

Garganta sublime la de este aparente estibador tocado con la gorra propia del cuerpo de estibadores de cualquiera de los puertos británicos. Resistente hasta el paroxismo , capaz de tronar y de lijar el denso ambiente hasta dejarlo pulido a su antojo y entregado a sus pies; todo ello, sin tener que recurrir a los eternos descansos ni protegerla en ningún momento de la actuación, lo cual, junto con el sonido global del grupo provocan el “Deep impact” entre los seguidores, llevados al éxtasis en algún caso, como atestiguan las imágenes del público reflejadas en las pantallas del escenario.

Los diablillos; cuyos cuernos rojos luminosos refulgían a miles en la oscuridad buscada del palacio; se retorcían, brincaban y rugían al ritmo de la guerra de las máquinas, “ War machina ”; se reanimaban después por kilos y kilos de “TNT” , se inflamaban en llamaradas incontrolables y estampidos de los diez, cien, mil “cañones por banda a toda vela” de una “ panda-banda” de piratas incombustibles que van derramando su potente elixir por los procelosos mares del “hard rock” hasta que una de las singladuras del verano permita de nuevo el atraque de su bajel en los puertos madrileños.

¿Por qué a los jóvenes de mi generación se nos identifica sólo con la música electrónica?

Para comprender nuestra variedad de gustos musicales no hay más que echar un vistazo al público que asistió al concierto mítico de AC/DC; mayores, jóvenes y niños, todas las edades unidas por el rock.

5 de septiembre, Vicente Calderón, 10 de la noche, 90.000 personas esperando impacientes a un grupo de rock mundialmente conocido por haber hecho saltar, bailar y cantar y disfrutar de canciones que han marcado una época.

Te ibas acercando a la periferia del Vicente Calderón y ya ibas entrando en calor viendo como una marea de gente llegaba por todas las calles y callejones próximos a la orilla del castizo y breve río Manzanares.

A medida que fue pasando la noche, el ambiente se iba calentando. Como si se tratara de un partido de fútbol, el estadio se iba llenando, hasta completar el aforo, LLENO, esa es la definición de la situación que se vivió en el estadio, IMPRESIONANTE, no cabía ni una persona más.

Media hora antes de que empezase el concierto sólo se escuchaba un grito unánime…"AC/DC, AC/DC". No podías evitar que la carne se te pusiese de gallina escuchando a tantas personas coreando lo mismo.

Puntuales como un buen grupo de rock empezó un concierto que íbamos a recordar siempre. Quedaría marcado en el libro de nuestra historia, como un concierto irrepetible. Cuando sonó el primer acorde, saltó la locura por todos los lados, la gente empezó a empaparse no sólo con la lluvia que estuvimos aguantando durante todo el concierto, sino con el mejor rock que una banda como AC/DC sabe dar a sus millones de seguidores.

Canciones míticas como “Thunderstrack”, “Hell bells”, “Back in black” y por supuesto la canción más conocida de este grupo “Highway to hell”.

Escenario impresionante con todo tipo de objetos representativos del grupo, desde las “campanas del infierno” hasta el muñeco hinchable de “Rosie” o el mismo “tren del Rock & Roll”.

Hablaré ahora de ese “pequeño saltamontes” llamado Angus Young, uno de los mejores guitarristas que han existido, que nos dio “riffs” sencillos en sus canciones, y solos fáciles, que para nosotros fueron espectaculares. Así hizo que todo el estadio corease su nombre y que todos sus seguidores nos pusiésemos a bailar con su “paso típico” cada vez que tocaba un solo.

Le bastaron 15m 28s de un solo continuo en la canción, de “Let there be rock”, para demostrar que es capaz de tocar como sea, sentado, de pie, tumbado o como le apetezca, porque siempre va a sonar bien.

Como resumen general, mi impresión de este concierto es muy breve y sencilla, se resume en una sola palabra:

IMPRESIONANTE

Demostraron que cinco grandes músicos pueden defender el rock de una manera brillante. Ni la lluvia, ni el frío impidieron que todos los que estábamos allí disfrutásemos de ese gran concierto.

También en el Blog "Qué has visto....." de la sección "Cajón desastre" : AC/DC en concierto.
             
 
 

Mi desconocimiento general de casi todo y, en especial, de la música, me permite descubrir de vez en cuando personajes, en este caso músicos, de los que ni siquiera sospechaba su existencia. Es lo que me ha ocurrido con Joe Bonamassa, un joven guitarrista neoyorquino con un interesante currículo tras de sí, precoz en muchos momentos de su carrera, que por la manera de tocar pienso que, con seguridad, debe incluirse si no lo está ya, entre los virtuosos de este instrumento y a buen seguro llamado a ser un grande del blues rock, no sólo de amplia proyección en el continente norte americano sino también en el europeo en los próximos años.

Si me preguntaran “¿cómo podría definir al personaje?”, diría algo similar a lo que el artista me sugirió durante el concierto: “un blanco que toca la guitarra como un negro para deleite de todos”. Sirva esto también para decir lo que en algunos momentos sugería su propia actuación, la influencia de los grandes “bluesmen” como B.B King y Eric Clapton, entre otros, que debieron influirle; tamizados por la personalidad creativa y arrolladora del artista.

La habilidad con la guitarra quedó de manifiesto con todas y cada una de las que sacó al escenario, prácticamente una distinta por tema; con las que desgranó un repertorio de canciones y “solos” perfectamente acompañados en su caso por los otros tres componentes del grupo -bajo, batería y teclado. Y en especial con la guitarra acústica española, sobre cuyo mástil y cuerdas se deslizaban los dedos de su mano izquierda a un ritmo endiablado y con una fuerza inusitada casi tan feroz como la derecha durante el rasgueo; semejante a como lo hacen as arañas sobre los hilos de su propia tela a la caza de sus victimas, en este caso para dejar embelesados a los incondicionales y afortunados asistentes del auditorio de la sala Heineken.

Junto con los temas del blues más ortodoxo aparecieron otros en los que se adivinaban rasgos del hard-rock clásico de las bandas míticas con otros más suaves de fusión étnica no menos bellos. Tal es su polivalencia.

Por ello, desde nuestra revista escolar Siringa me permito recomendar a nuestros alumnos y a los que nos pudieran leer en la Red, que si tienen ocasión de escuchar ya sea en directo o a través de su ya importante discografía a este músico y su banda, lo hagan, son pura delicia.

Gaspar T. Jimeno Diestro.