Por qué SIRINGA
Revist@ Digit@l del IES Ciudad los Angeles
                               
La selección de obras para esta sección -arquitectura, escultura o pintura- se ha hecho en función de unos criterios personales y subjetivos, independientes del prestigio del autor y de la obra, de su valor económico, de su tamaño, antigüedad, etc. Han sido elegidas por las sensaciones que producen en el espectador que las presenta, alumno o profesor, y por tanto son únicas. Este primer número está dedicado al arte contemporáneo.
 
                               
   

LAS ESPIGADORAS. Jean-François MILLET.

1857. Óleo sobre lienzo. Museo d'Orsay

 
               

He elegido esta obra porque su contemplación me trae recuerdos de mi infancia.

El tema es un paisaje rural abierto, con una línea de horizonte alta, que muestra un gran desnivel donde el pintor coloca a tres mujeres, a pleno sol, en la labor fatigosa de recoger un puñado de espigas de trigo.

Admiración por estas espigadoras que con su actitud callada y gestos repetitivos, aseguran su sustento y el de su familia. Parecen estar derrotadas, son como alcayatas unidas a la tierra, en la que tienen sus raíces. Épocas duras que todavía vivieron nuestras madres y abuelas, en lo pueblos pequeños, teniendo que elegir entre la vida dura del campesino, o la emigración a la ciudad.

Cada espiga o brizna de paja brilla como un verdadero tesoro, que ellas recogen de sol a sol, con la única protección de unos manguitos y un pañuelo para no tostarse demasiado y mantener, dentro de lo posible, su piel blanca, su coquetería y su dignidad.

¡Cuantas historias había alrededor de la lumbre, detrás del pan elaborado con este trigo suplementario!

Las espigadoras
         
 
Detalle
Detalle
   
                           
                           

HOMENAJE A LA ARQUITECTURA II. Eduardo CHILLIDA.

1973. Alabastro Colección privada.

 
                   

A pesar de su pequeño tamaño (10 x 15 x 8,5 cm), en Homenaje a la Arquitectura II, el “vacío” me produce la sensación de refugio, cobijo o lugar seguro, desde el que puedes asomarte al exterior por las diferentes ranuras.

Los ángulos rectos del bloque de alabastro, y los surcos del segundo plano de profundidad, donde se alternan curvas y rectas, no resultan agresivos, todo lo contrario, invitan con fuerza a la caricia, a recorrer la superficie pulida y blanda de la obra, pero con delicadeza, con un cierto miedo a deformarla entre las manos.

Este material lo comenzó a utilizar Chillida en una época tardía, a partir de 1965, haciendo unas 50 obras agrupadas en series, como “Elogio a la luz” o “Elogio a la arquitectura”

Obra en la que prima el “vacío” y la “luz”.

El vacío asimétrico tiene un fuerte contraste con la regularidad de la forma externa del bloque de alabastro. Bipolaridad que se repite entre lo saliente y lo entrante, lo positivo y lo negativo. El mismo Chillida se denomina “arquitecto del vacío”

La luz lechosa y opaca procede del interior de la materia, de los restos de minerales que contiene. Es una luz intermedia entre la “luz negra” del Atlántico, expresada en su materiales tradicionales del hierro y del acero, y la “luz blanca” del Mediterráneo, representada por los mármoles griegos.

Homenaje a la Arquitectura II
       
  Mª Mercedes Rodríguez Antón