Amablemente, mi colega y compañera Mª Luisa, me pide
que reproduzca para SIRINGA, nuevo e interesante periódico "on line", el poema que más me impresione, guste o ame. Y, parafraseando a Lope, "en mi vida me he visto en tal aprieto".
¿Cómo no citar a Berceo o Juan Ruíz ? ¿ Y los versos mansos, cadenciosos y "cristalinos" de Garcilaso de la Vega, el poeta-soldado que nunca escribió un sólo verso bélico?
¿ Y no reproduzco algún soneto maravilloso y desgarrador de Lope de Vega ?
¿ No citaré alguna Rima de Bécquer, poeta que entusiasma a los/as adolescentes de todas las épocas?
¿ Y Verlaine? ( "- En mi corazón, Verlaine-" ). ¿ Y el Viaje a Ítaca de Kavafis? ¿ Y no citaré la poesía herida de Miguel Hernández? ¿Y a mi maestro, don Antonio Machado ?.
Pero debo decidirme. Y elijo "Amor constante más allá de la muerte", soneto de Quevedo ( Siglo de Oro ).
Entre los sentimientos nobles de los humanos se encuentra el AMOR . Cada uno como lo entienda: amor espiritual, carnal, hasta pornográfico, si se quiere. El amor es el eje de la vida. "Ama y haz lo que quieras", decía San Agustín.
Quevedo nos habla en el poema del amor eterno. Métrica y formalmente, el soneto es perfecto. A Dámaso Alonso le encantaba y lo ponía en la cima de la poesía: endecasílabos perfectos, rima total, cadencioso, culto e intimista.
¿ Por qué lo elijo? Por sus últimos versos. Por mi amor al universo, a la humanidad, a las personas que quiero.
Moriremos y seremos ceniza y polvo, pero ceniza y polvo enamorados.
Deseo que os agrade.
Jorge Roa Hernández.
Profesor de Lengua y Literatura del IES Ciudad los Angeles.