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La Navidad está acompañada de multitud de símbolos tradicionales, diferentes para cada país y cada uno con su origen y significado : árboles de Navidad, Santa Claus con sus renos o Papá Noel, nacimientos o belenes, Reyes Magos, luces de colores, estrellas, paisajes nevados y un sinfín de adornos navideños. Junto a esa Navidad de luces y regalos, está la Navidad tradicional del Belén que como iconografía navideña tiene en España una tradición de siglos y constituye un patrimonio popular. El “misterio” - portal con la Virgen, San José, el Niño, la mula y el buey- sólo o rodeado de pastores, lavanderas, abetos, estrellas, Reyes Magos y pajes son elementos iconográficos de la cultura tradicional en la Navidad española. Esta iconografía y la de otros países, aunque hayan tenido un origen y significación religiosa, hoy se ha ampliado su significado convirtiéndose en signos culturales y como tales han pasado a formar parte de la cultura de una nación. Los símbolos, en este caso los navideños, admiten un pluralismo de significaciones: para un creyente evocarán su religión y para un no creyente, agnóstico o ateo, no pasarán de connotaciones culturales, si se quiere incluso mitológicas, o por propia incultura no tendrán ningún valor, ni siquiera el estético, ligado a que han sido fuente de inspiración del arte en la cultura occidental en todas sus manifestaciones, desde la poesía a la pintura, escultura…... Por tanto, sea cual sea el sentido que se dé a la iconografía tradicional, no debiera herir la sensibilidad de nadie por motivos ideológicos. Es conocido el recurrente entusiasmo inquisidor cada vez que llega la Navidad por parte de laicistas y ateos radicales, fundamentalistas y con argumentos racionalmente poco consistentes que -confundiendo una costumbre o tradición navideña con imponer un símbolo religioso a toda una comunidad en centros educativos públicos e invocando el derecho a una educación laica para justificar tal ofensa a dicha comunidad- pretenden prohibir símbolos navideños que “ para ellos ” son expresión religiosa…. Frente a esa actitud de intolerancia totalmente contraria a una educación en valores democráticos que es necesario garantizar, manifiesto que : - La idea de prohibir por considerar expresión religiosa es mucho más ofensiva a la comunidad escolar que cualquier signo navideño, de la cultura que sea. - Las sociedades avanzadas, tolerantes y plurales se construyen desde el mestizaje cultural y desde el encuentro de las distintas expresiones religiosas que en un régimen de libertades deben poder compartir cualquier espacio público. En la actualidad, los tradicionales belenes conviven en armonía, en todos los espacios, incluidos los hogares, con las tradiciones nórdicas del árbol o del Papá Noel. Iconos de diferentes culturas en perfecto sincretismo. No se impone por tanto ningún símbolo. Conviven, se comparten y enriquecen mutuamente. - No todos los que montan un Belén por Navidad son cristianos como fe, aunque reconozcan en él una tradición cultural cristiana. Y no todos los cristianos hacen el Belén.
- Si el respeto a cualquier identidad cultural es un valor democrático fundamental, nunca se podrá comprender y respetar los valores de quienes tienen una historia, cultura o religión distinta sin el respeto previo a la propia. Frente a actitudes intolerantes basadas en laicismos o ateismos radicales, incompatibles con un Estado de derecho, ( todos mis respetos para los laicismos y ateismos tolerantes) debería prevalecer la defensa del multiculturalismo -en este caso de la navidad- basado en la tolerancia y el respeto, con la mente abierta que ha de predominar en una educación en valores, muy especialmente en la escuela pública cuya principal seña de identidad es ser abierta, libre, plural y diversa.
M. Luisa López Núñez. Profesora de Historia del IES Ciudad los Ángeles y coordinadora de esta revista |
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