Por qué SIRINGA    
 
Revist@ Digit@l del IES Ciudad los Angeles
Los alumnos escriben . 2009.-Especial 25 años
           

GAZA: lágrimas de soledad

     
por Álvaro Díez Moreno. 1º Bachillerato CCSS
     

El crepúsculo ya asoma por el horizonte, es la mirada del amanecer. Un mar de luz naranja rojizo inunda todo Gaza. En el aire, una pregunta, que no concierne sólo a dioses por presentarse en el cielo, sino que es más bien la interpretación del hombre, que bien anclado a la tierra, trata de entender desde el desconocimiento la realidad del mundo y sus secretos subjetivos. Porque nosotros, sufrimos por el mundo, pero, ¿sabemos si el mundo sufre por nosotros? Podríamos atribuir este paisaje, a la sangre que se ha derramado durante estos bombardeos o, si fuese un día lluvioso, serían las lágrimas por los difuntos. En cualquier caso, eso es pseudociencia y todo lo que aconteció lo dispuso Alá, que siempre entenderá el mundo mejor que nosotros, porque al fin y al cabo, él lo rige.

Jazmín sale de casa de sus tíos donde ha pasado las últimas noches posteriores al alto el fuego. Las últimas noches, todo hay que decirlo, en vela. Un día más la silla del patio la espera pacientemente. Se sienta. Cierra los ojos y deja que la inocuidad de la luz le caliente la cara. Es entonces, cuando las lágrimas, tal como ayer y antes de ayer, brotan límpidas como el primer berreo de un bebé. Resbalan y todo se hace lento. Son puras, porque son la expresión sincera de los sentimientos. ¿Qué siente Jazmín?: ¿tristeza?, ¿odio?, ¿muerte?, ¿venganza quizás? Nadie lo sabe, porque desde que sus cuatro hermanos junto a sus padres murieron en un ataque israelí, aún las palabras no han vuelto a acudir a la joven boca de la mujer. Mujer, porque a partir de que uno se siente sólo se tiende a considerar autosuficiente, y en consecuencia, adulto.

En estos momentos Jazmín no piensa, (si recordar es no pensar). Qué suerte el haber mandado la madre a la hija, traer la ropa lavada de casa de su abuela antes de que sonará la alarma que anuncia la aproximación de la aviación judía. Qué desgracia el no haber permanecido con su familia, para poder ahora seguir con ellos, y entender mejor el color del crepúsculo del día de hoy. Ya ni siquiera se atreve a volver a las ruinas de su antigua casa por miedo a encontrar restos, de cualquier tipo. Su mundo ha sucumbido bajo los escombros y la vida ya no le pertenece. Cómo saber si un muerto camina entre los vivos, cómo saber que uno ya no pertenece a la realidad. Cómo explicar, que cuando uno ya no tiene nada salvo su soledad, deja que su cuerpo inerme habite el espacio físico que le pertenece, mientras el tiempo inexorable lo fulmina todo. El odio conduce al odio, y la muerte conduce a la muerte. Probablemente, será cuestión de días, semanas, meses en el mejor de los casos, cuando la reflexión le conceda a Jazmín la decisión de tomar por su cuenta la venganza. El fundamentalismo islámico la atraerá y será su medio de lucha contra aquellos que la convirtieron en un muerto entre los vivos. Tener el derecho o no de algo, será siempre una cuestión que nunca podremos verdaderamente justificar, de ninguna manera ni enteramente. Pues el derecho, está repartido entre aquel que lo utiliza para hacer el bien o aquel que lo utiliza para hacer el mal. Pero, quién es el bueno y quién es el malo. ¿Tiene verdaderamente Jazmín la potestad, para decidir si en su corta vida de catorce años, quiere decantarse por un bando? Su sueño es privar de la existencia, la opulencia y de la tierra, a aquellos que a tan sólo a unas decenas de kilómetros guardan su cautiverio. El inconveniente de una lucha que perdura y se extiende durante muchos años, es que el guerrero originario pierde el ideal de su confrontación y las generaciones que además de pagar por ellos, se unen a su causa, nunca sabrán por lo que luchan, sino es por su propio dolor y su propio ser. Entonces, todo deja de ser una guerra, para pasar a ser una algarabía de voces que claman distintas cosas, y que se entremezclan con los disparos.

Ahora sale su tía, que ha estado observándola un buen rato desde el porche. ¿Quieres algo Jazmín?, pasa dentro a jugar con tus primos. Jazmín niega una sola vez con la cabeza. Su tía se detiene un momento para observar a su sobrina que mira el horizonte sin prestar demasiada atención a su presencia. Se arrodilla, y consigue que ésta se vuelva y la mire a los ojos. Todo está dicho, y todo está perdido, la una ha dejado atrás más seres queridos, la otra menos. Pero, no es una cualidad cuantitativa la que potencia la melancolía, sino una cualidad afectiva. Ambas se funden en un abrazo que regenera el alma de vitalidad, y ambas cierran los ojos, como si la fluidez de esa transferencia se pudiese sentir por dentro. No se sabe cuanto tiempo ha durado el cariñoso acto, pero cuando las dos se han sentido algo más reconfortadas lo deshacen.

Cae la noche y Jazmín sigue allí sentada, tan sólo se ha movido para comer y su mutismo voluntario continua como si la única voz que tuviese la necesitase en estos mismos momentos, más por dentro y para ella, que para fuera y el resto de los humanos.

Vuelve a llorar, y trata de entenderse a sí misma, de encontrar fuerzas para resurgir. Alá columbra desde las nubes que encapotan la bóveda celeste la escena. Una lágrima como otras muchas, cae sobre la tierra, que desde hace mucho tiempo, es un cementerio.