Una vez que una persona entra en contacto con el virus y se contagia, lo más frecuente es que la infección pase desapercibida, sin llegar nunca a producir ningún síntoma. De las personas infectadas, el 90%, serán capaces de controlar la infección y erradicarla, consiguiendo la curación. En el porcentaje restante, el virus permanece en estado de latencia alojado en las mucosas genitales durante un tiempo variable, habitualmente varios años, y a veces, durante toda la vida. La persistencia en el tiempo de la infección da lugar a la aparición de las enfermedades causadas por el virus en la región genital. La importancia del virus del papiloma humano, (VPH) radica en que es uno de los carcinógenos más potentes que se conocen. La relación causal entre la infección por el VPH y el cáncer de cuello de útero (cérvix) se puso de manifiesto hace ya más de 20 años. Pero dicho virus no sólo esta implicado en el cáncer de cérvix, sino también en diversos tumores del área genital, tanto del hombre como de la mujer, en algunos cánceres ano-rectales, de vulva y pene y de la aparición de las verrugas genitales. Existen además, otras formas de lesiones precancerosas que preceden a la aparición de esos tumores y que también están relacionadas ya que lo hacen en las localizaciones descritas. A lo largo de un año se diagnostican en todo el mundo aproximadamente 55.000 casos de cáncer de cervix y anogenitales. Este tipo de cáncer, afortunadamente es poco frecuente en España, donde se diagnostican al año unos dos mil casos de cáncer de cuello de útero que son responsables del fallecimiento de aproximadamente setecientas mujeres. (Figura 3). No todos los tipos de virus de papiloma humano poseen esta capacidad carcinogénica. Existen unos doce tipos que se consideran con alto potencial cancerígeno. Los tipos concretos denominados 16 y 18 son los responsables del 70% de los casos de cánceres de cuello de útero. Una mujer que se contagia de uno de estos tipos tiene aproximadamente un riesgo del 2% de desarrollar a lo largo de su vida alguna de las formas precancerosas de la enfermedad o cáncer de cuello de útero. De los virus de bajo potencial cancerígeno, los más representativos por su capacidad para producir enfermedad son los tipos 6 y 11, que están implicados en el 90% de los casos de verrugas genitales, también llamadas condilomas genitales. ¿Qué se puede hacer para diagnosticar la infección por el virus del papiloma humano, (VPH)? La presencia de las verrugas en el área genital es evidente y se realiza mediante la simple inspección directa de la región. Para poder establecer un diagnóstico de las lesiones malignas del cuello del útero, que no son visibles a la inspección directa, es necesaria la realización de una citología vaginal. Se trata de una técnica mínimamente invasiva mediante la cual se recogen con una torunda de algodón los restos celulares que se desprenden del cuello del útero que se alojan en los fondos de saco vaginales. Estos son analizados en busca de los cambios específicos que aparecen en las células precancerosas o malignas mediante técnicas de tinción. La realización de la citología vaginal es una medida que ha demostrado su utilidad para disminuir la morbimortalidad por cáncer de cérvix, proporcionando un diagnóstico precoz de las lesiones potencialmente malignas y precancerosas. Esta técnica debe estar disponible para TODAS las mujeres sexualmente activas con edades comprendidas entre los 25 y los 65 años de edad. Además, la citología debe repetirse con una periodicidad no inferior a tres años y no superior a los cinco. Estas recomendaciones son las proporcionadas por las guías europeas para el diagnóstico precoz del cáncer de cérvix y estarán sujetas a modificaciones según los casos individuales y al criterio médico. (Figuras 4 y 5). Existen dos formas fundamentales de evitar la infección por el VPH. La primera de ellas es evitar el contacto sexual. Mantener relaciones sexuales con preservativo previene del contagio en las áreas protegidas por el látex pero no en el resto de zonas expuestas, lo que se debe tener en consideración. La segunda forma es la vacunación frente al virus. La vacuna esta disponible para su uso desde el mes de junio de 2006 cuando fue aprobada por la Agencia Federal del Medicamento (FDA) en Estados Unidos. La administración profiláctica previa a la exposición al virus de la vacuna ha demostrado su eficacia al disminuir la incidencia de las verrugas genitales, de las lesiones precancerosas, como la displasia cervical y de vulva de alto y bajo grado, y del cáncer de cervix, relacionados causalmente con los tipos 6, 11, 16 y 18 del VPH. Aunque aún es pronto para conocer el impacto de esta medida sobre la mortalidad generada por cáncer de cuello de útero, para las lesiones inducidas por los tipos de virus contenidos en la vacuna, la efectividad es del 98%. (Figura 6). Técnicamente se trata de una vacuna tetravalente que contiene proteínas de la cápsida viral (proteína L1) recombinantes que forman viríones no infecciosos (llamados VLP o partículas virus-like) del VPH de los tipos 6, 11,16 y 18, con un coadyuvante de aluminio. Se deben administrar tres dosis de 0,5 ml con los siguientes intervalos: 0, 2 y 6 meses. Es una suspensión inyectable en jeringa precargada para su administración intramuscular. Es muy bien tolerada. Se conoce por el momento que confiere inmunidad durante aproximadamente 5 años. Está especialmente indicada su administración en mujeres no contagiadas previamente con los tipos de virus que están incluidos en la vacuna, preferentemente antes de iniciar su actividad sexual, con edades comprendidas entre los 9 y los 26 años. Por el momento no existe indicación formal de la vacunación en los varones. La vacunación a mujeres sexualmente activas también es posible, pero sólo se beneficiarían de esta medida en el caso de no haber tenido contacto específico con alguno de los tipos de virus incluidos en la vacuna. La vacunación NUNCA debe sustituir a la realización de la citología con la periodicidad anunciada que debe realizarse igualmente en las mujeres que han sido vacunadas. El Sistema Nacional de Salud sólo cubrirá la vacunación de las niñas con edades comprendidas entre 11 y 14 años, entre los cursos 6ª de primaria y 3º- 4º de la Enseñanza Secundaria Obligatoria, aproximadamente. En el resto de situaciones la vacunación se realizará bajo prescripción facultativa. |