En los últimos meses prácticamente no hay un solo día en el que los medios de comunicación no hagan referencia a noticias relacionadas con el Medio Ambiente (MA). Y dentro de él, es evidente que hay unos temas que son de mucha mayor actualidad e importancia que otros, ¿Quién no ha oído o leído algo sobre el Cambio Climático y sus consecuencias? ¿Y de Desarrollo Sostenible? Quién no ha pensado alguna vez en la afirmación que dice que los recursos se acaban y que la civilización actual está en peligro por esta causa. Y así sucesivamente.
Qué hay de cierto en ello, ¿Se ajustan los temores a un fundamento científico con visos de certeza? O por el contrario es pura fabulación. ¿Qué dice la ciencia a todo ello? ¿Hay intereses creados en torno al M.A que traten de dar una visión catastrofista o de bonanza de la realidad? Si es así, ¿con qué fines? ¿Cuál es el verdadero motivo de preocupación? ¿Quién debe resolver los problemas del MA?.
En los últimos meses prácticamente no hay un solo día en el que los medios de comunicación no hagan referencia a noticias relacionadas con el Medio Ambiente (MA). Y dentro de él, es evidente que hay unos temas que son de mucha mayor actualidad e importancia que otros, ¿Quién no ha oído o leído algo sobre el Cambio Climático y sus consecuencias? ¿Y de Desarrollo Sostenible? Quién no ha pensado alguna vez en la afirmación que dice que los recursos se acaban y que la civilización actual está en peligro por esta causa. Y así sucesivamente.
Qué hay de cierto en ello, ¿Se ajustan los temores a un fundamento científico con visos de certeza? O por el contrario es pura fabulación. ¿Qué dice la ciencia a todo ello? ¿Hay intereses creados en torno al M.A que traten de dar una visión catastrofista o de bonanza de la realidad? Si es así, ¿con qué fines? ¿Cuál es el verdadero motivo de preocupación? ¿Quién debe resolver los problemas del M.A.
Quizás el tema estrella medioambiental del año 2007 sea, sin lugar a dudas, el Cambio Climático, y surge, sobre todo, cuando se da alguna circunstancia meteorológica aparentemente fuera de lo normal; por ejemplo, una semana sin lluvia con Sol espléndido y temperaturas elevadas en el norte de España u otra de precipitaciones e incluso de nieve en el levante mediterráneo más meridional, ¡en abril o mayo!, .
A veces, la idea de cambio climático aparece en los medios relacionada con los fenómenos meteorológicos que caracterizan el clima, pero en otras ocasiones no, de modo que, cualquier acontecimiento próximo sirve para achacarlo a un más que evidente cambio climático. No obstante, la simple consulta de los archivos y los anuarios meteorológicos nos informaría de “lo cotidiano” de los hechos considerados como excepcionales, lo que nos lleva a pensar que, al menos, la memoria meteorológica del ciudadano es muy frágil.
Video "Tormenta Palma de Mallorca" ( 4-10-2007 )
Varias circunstancias evitan la comprensión del mensaje científico
No parece que exista la menor duda científica, (si la confusión) de que existen evidencias de un cambio de clima preocupante, hay constatación fehaciente de hechos que así lo atestiguan, caso de: la disminución de los hielos glaciares por ascenso de la temperatura media global; el incremento del nivel del mar; la modificación de las temperaturas locales, regionales o continentales; los meteoros anormalmente intensos con lluvias extremas o sequías severas en zonas no habituales; la alteración de las corrientes marinas; la desaparición de especies adaptadas a áreas con unas condiciones climáticas muy concretas al cambiar éstas, entre otras muchas que harían prolija la relación. Sin embargo, la gente de la calle aún se cuestiona siquiera la posibilidad de un cambio climático en los distintos ámbitos, tanto sociales, como económicos e incluso hasta en los ambientes científicos. ¿Por qué razón?
Varias son las circunstancias que evitan la comprensión de los mensajes directos de los científicos y el retraso en la toma de conciencia social del problema. En primer lugar, el científico está, tradicionalmente, encastillado y aislado de la sociedad, y cuando quiere trasmitir sus conocimientos, como por ejemplo:
- la certeza de que el CO 2 es el gas de efecto invernadero, (GEI), que contribuye en mayor proporción al calentamiento global y que el metano es el GEI que lo hace con mayor intensidad, y que ambos influyen, junto con otros, en el cambio climático ;
Fte: (www.cambioclimatico.org )
- o que, el incremento de los porcentajes de estos gases en la atmósfera es un proceso inducido por la humanidad a través de sus actividades. Es posible que no acierte como hacerlo, quizás porque su razonamiento y sus certezas son mayormente probabilísticas, difíciles de explicar y más hacerlas entender a un vulgo profano en la materia, sobre todo frente a otras informaciones más directas e intencionadas, que simplemente son afirmaciones o rumores que no precisan, ni se les exige en el momento de hacerlas, demostración alguna, rumores propalados por alguno de los múltiples grupos interesados en el MA y que van directos al pensamiento de quién los quiere escuchar en un momento dado de ésa manera.
El resultado indiscutible es el equívoco, la duda y el planteamiento de cuestiones del tipo: ¿cómo puede ser el CO 2 el responsable de tal desaguisado ambiental como el que nos plantean cuando las plantas lo utilizan en su beneficio y éstas son esenciales para el planeta?, que enmascaran el verdadero problema utilizando una verdad.
Estas y otras ideas dan lugar a veces a la formulación de soluciones inverosímiles, es el caso de algunas de las llamadas teorías de geoingeniería, defendidas incluso por investigadores galardonados con el premio Nóbel. Aún sabiendo la clásica tendencia de nuestros sabios a defender, sobre todo en su etapa de eméritos, una vez superada la de máxima producción intelectual; proposiciones científicas exóticas, sin duda con todo el derecho del mundo, parece poco oportuno pretender combatir el cambio climático con más emisión de gases contaminantes de una determinada composición, como se afirma, esperando crear así una capa lo suficiente impermeable a la radiación solar como para que se enfríe el planeta, compensando así el calentamiento global. No parece que puedan admitirse fácilmente tales hipótesis por las evidentes secuelas que tendrían en cualquiera de los sistemas ambientales que conforman el sistema Tierra gracias a las relaciones de retroalimentación positiva que se dan entre ellos.
En definitiva, son soluciones la mayoría de las veces disparatadas que darían lugar a nuevos experimentos ambientales, que siempre se sabe como empiezan pero nunca como terminan, al igual que ocurre ahora con el “Gran Experimento climático” que ha iniciado y en el que está inmersa la humanidad.
Por otro lado, al albur de estas propuestas proliferan otros grupos como el empresarial, de determinados sectores concretos, (léase el energético), que se encargan de asumir como propias y de ampliar con evidentes intereses particulares, los planteamientos científicos más ortodoxos, afirmándose entonces que:
- “ya que el CO 2 es el gas responsable de la formación de la materia orgánica en el proceso de la fotosíntesis, cuanto más dióxido de carbono se vierta a la atmósfera mejor para los vegetales; aprovechemos entonces la biomasa para el desarrollo de la nueva panacea energética, los biocombustibles”.
Excelente idea a “priori” si no se piensa siquiera en las necesidades que plantea tal proposición. Por ejemplo, no dicen, claro está, ¿de dónde se van a sacar los espacios necesarios que se deberían dedicar a los cultivos específicos para la obtención de biocombustibles en cantidades suficientes para satisfacer las necesidades industriales, urbanas o domésticas de un país' ¿Quizás de la tala de los bosques? Seguimos pues con la experimentación ambiental como en el caso anterior.
O, esta otra: -ya que existen tecnologías suficientes para eliminar los G.E.I y almacenarlos en sistemas de sumidero apropiados, contaminemos más- . De nuevo aparece el tradicional optimismo tecnológico, a pesar de las dificultades ambientales en forma de impactos que, normalmente, estos proyectos históricamente suelen acarrear.
Otra cuestión a tener en cuenta por el ciudadano es preguntarse desde la objetividad atribuible a la ciencia ¿por qué se ha permitido llegar a una situación dramática como la que nos ocupa sin anticiparnos al acontecimiento? Probablemente las razones estriben en las propias prioridades investigadoras, que seleccionan para su estudio exhaustivo problemas quizás no menos importantes, (por ejemplo el no menos conocido agujero de la capa de ozono), pero que enmascaran o enmascararon en su momento, el más grave, del cambio climático. O, en el clásico reduccionismo científico, capaz de atomizar los problemas analizándolos sistemáticamente hasta niveles insospechados sin la correspondiente perspectiva globalizadora, sin la visión holística que requiere y precisa la naturaleza.
Si a esto le añadimos la dificultad científica para comprender y explicar el M.A., en su conjunt o, como un sistema con múltiples parámetros y relaciones, en el que los modelos son extraordinariamente complejos lo mismo que las variables que los controlan, ¿Cómo lo van a comprender los ciudadanos, profanos en la materia? O la de entender la disparidad de criterios aportados por las distintas escuelas científicas; sirva como ejemplo: ¿Qué cifras son más fiables o más exactas en relación con la tendencia actual de evolución de la temperatura terrestre? Las que afirman un calentamiento continuo desde la Pequeña Edad de Hielo iniciada en la edad Media que concluyó en el siglo XIX incrementada en la actualidad por las actividades antrópicas, tal y como afirma la mayoría científica agrupada en torno a las siglas de Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, (IPPC en su acrónimo inglés), o las que apuntan a una tendencia al enfriamiento, como lo hacen otros grupos. Son propuestas totalmente antagónicas, ¿Qué datos manejan unos y otros para llegar a soluciones opuestas?
Aunque sólo sea por mayoría de datos aportados por los investigadores adscritos y firmantes, parece más fiable la propuesta del IPPC pero indiscutiblemente queda una cierta duda al receptor de la información. Ahora bien, si es el calentamiento global y la tendencia al cambio climático la hipótesis a seguir, no parece de recibo que pueda haber unas cifras de calentamiento que sean alarmistas y otras que se tilden de conservadoras. Deberán ser, sino únicas, al menos lo suficientemente próximas y lo más exactas posible. Tampoco puede decirse que, el nivel de mar subirá siete o diez metros en los próximos 50 años cuando otros datos dan diecisiete, igual pudieran dar ciento veinte, (hipotéticos/inventados).
Deshielo. Fte: La voz de Galicia
Los intereses privados en cuestiones ambientales son de varios tipos.
Es posible que muchas de las reticencias de los ciudadanos a los datos transmitidos desde la ciencia surjan después de plantearse la sospecha de un posible “toque personal” de quien lo hace llegar al público, sea la administración en razón a sus intereses o desde los propios ámbitos científicos, que ven financiados (y por tanto, quizás condicionados) sus trabajos desde determinadas posiciones previas. Habría que preguntarse de nuevo ¿Tienen los científicos independencia absoluta de criterio en sus conclusiones? O ¿Son demasiado conscientes, a veces, de para quién trabajan?
Siguiendo con los intereses. Qué decir de las multinacionales específicas, expertas en el cabildeo a todos los niveles, con financiación científica teledirigida a través de fundaciones concretas en muchos casos. ¿Debe gestionarse el medio ambiente desde una posición determinada o de forma independiente? La financiación de las actividades medioambientales ¿quién debe controlarlas? Por eso, la popularización del término “Cambio Climático” en ámbitos no especializados, con parámetros, factores y circunstancias imposibles de observar por el ciudadano puede conseguir que un tema de suma importancia para la evolución de la sociedad se esté desvirtuando de tal manera que la gente, en ocasiones, se lo tome incluso a broma, cuando realmente es un motivo de preocupación de primer orden. Lo cual entraña el peligro de falta de concienciación y de relajar la atención sobre las medidas individuales para paliarlo.
Hay esperanza de solución para los problemas ambientales.
¿Quién debe resolver estos problemas? Es difícil responder cuando a la confusión y a la duda, adornada muchas veces como divulgación preventiva, se contribuye desde muchos sectores, como el político; caso de los políticos de viejo cuño metidos a actores-conferenciantes, que pretenden resolver ahora, cuando carecen de capacidad de decisión, los problemas que en su momento o no fueron capaces de solucionar directamente o sus “lobbys” nacionales o mundiales no les dejaron hacerlo cuando gobernaban el propio. Son los nuevos gurús del ecologismo que con todos los medios posibles a su disposición y mucha influencia, pretenden aplicar, casi siempre, sus propuestas de solución en países ajenos. Aquellos de los que no se sabe si de buena fe o sin ella hacen del M.A en general y del cambio climático en particular estandarte de su vida, posiblemente con intenciones muy loables, aunque quizás algunos piensen o sospechen que tanto altruismo esté relacionado, en el mejor de los casos, con el descubrimiento de un “Dorado” particular en el retiro de lujo en el que se encuentran, sobre todo de ser ciertas las informaciones y cifras que se manejan en los medios de comunicación. ¿Cómo saberlo?
Luego están los ecoparlamentarios de nuevo cuño, muy abundantes en las muchas administraciones de este país, que se llenan la boca de aquel o cualquier otro término ambiental, (barnizándolos con otros también muy carismáticos, como son: el Desarrollo Sostenible, y las Energías Alternativas); y que van repitiendo constantemente, (¿eco-parlante?), sobre todo en determinadas épocas, las electorales, cuan salmodia mántrica, vengan a cuento o no sus propuestas para un D.S y el uso de las E A, eso sí, siempre que ellos gobiernen. La pregunta en este caso es ¿se trata de concienciación real? o simplemente una de las muchas poses para adquirir frente al electorado el necesario tinte ecologista que da lustre de modernidad y de progresismo, con reparos en prescindir del coche oficial, (justificadísimo y necesario en su caso, dada la importancia del cargo, faltaría más), mientras que recomiendan para los demás el uso de la bicicleta por excelente transporte ecológico y la abolición inconsciente de la energía nucleoléctrica por contaminante.
Al Gore
Los que tienen a bien permitir empapelar metros y metros cuadrados de fachadas con su faz de patricio que aspira sin lugar a dudas a su sostenibilidad y desarrollo al menos cuatro años, los novísimos paladines de la lucha contra las energías convencionales, sin reparar en el hecho de que su visión tan ecológica del mundo de la que alardean supone después gasto de tiempo, de dinero y sobre todo, de energía, (de la tradicional), para limpiar lo manchado por sus subordinados. Aquellos que prefieren que se marchite el que posiblemente sea el mayor parque urbano en una capital de estado, contaminado por el humo de un tráfico permitido, los desperdicios por el mal uso o una prostitución no regulada para dar satisfacción a unos convecinos (futuros votos) privilegiados que con solo atravesarlo están en el centro de la ciudad y en sus trabajos. ¿Hacemos caso a sus recomendaciones ecológicas? ¿Son estos los que van a solucionar los problemas ambientales incluso con su colaboración desinteresada? O los juntamos con los de cuota y asimilados, que formando parte del mismo equipo de gobierno son capaces de hacer propuestas antagónicas sobre un mismo tema.
Convendría pues, reflexionar sobre estas y otras muchas cuestiones que pudieran plantearse en relación con el M.A., (Piensa globalmente), sobre todo para buscar una relación personal equilibrada con él, puesto que “No se debe dejar de hacer lo mínimo más insignificante para la conservación del medio ambiente puesto que siempre será mejor que no hacer nada”, (actúa localmente).