| Revist@ Digit@l del IES Ciudad los Angeles |
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DEPORTE CON MUCHO ARTE |
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Ahora creo que sí.
Creo que ha llegado el momento de decir adiós al maratón. Con esta decisión espero no sufrir más comentarios jocosos de mis amigos sobre la calidad de mi palabra cuando afirmaba, al menos en los últimos cuatro años, y por tanto cuatro maratones, que el de ese año era el definitivo. Me faltaban razones que en esta ocasión creo haber encontrado. Indiscutiblemente, en la toma de decisión en cualquier sentido no me iba a faltar el apoyo de los compañeros con los que comparto entreno, carreras, sacrificios y dolores; ni mucho menos el de mi mujer, que ha cumplido a la perfección la labor de mochilera y animadora gratuita en las múltiples carreras que han sido y espero que sean. Eso sin tener en cuenta el aguante resignado con el que ha llevado los dolores, quejidos, sinsabores y malos humores de todas estas experiencias pasadas. Quizás la culpa de la decisión la tenga el dios CRONOS, inexorable en su caminar, capaz de lastrar anualmente tus piernas sin que te des cuenta de ello con uno, dos, tres o mil minutos. Lo que para unos “corricolaris” como nosotros resulta insoportable a todas luces. Verdad compañeros. Quizás la falta de estímulos que esta carrera puede ofrecernos en el futuro inmediato. O quizás también la búsqueda de nuevas sensaciones en otras actividades deportivas que en la actualidad colman el “ego”. |
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Aunque evidentemente dejo la puerta abierta a las posibles ofertas de los colegas para replantearme la decisión de nuevas correrías en cuanto la sugerencia de visita turística sea la oportuna y la ciudad elegida pueda ofrecernos lo que nos ha ofrecido este último viaje: Compañía excepcional, comidas jocosas, veladas agradables, (incluso las musicales), en definitiva, vivencias.
Es verdad que hasta ahora nos ha faltado un marco ideal como el que nos ha proporcionado el enésimo maratón, el del 2009, “la maratona di Roma” en la terminología del lugar, para decir adiós. Me pregunto el por qué del femenino “maratona” en italiano, ¿quizás alguna amiga me lo pueda explicar? Yo prefiero guardarme mis razones para evitar debates inútiles. Marco que nos ha hecho experimentar unas sensaciones que colman perfectamente el vaso del tiempo empleado hasta ahora en el atletismo popular.
Estoy convencido que ningún maratón de los corridos en el ámbito local, en otras ciudades de tu país, ni incluso el emblemático por antonomasia, el de Nueva York, por mucho que nos vendan las excelencias del abigarrado crisol modernista y étnico de la ciudad de los rascacielos, sería comparable a este.
Estas fueron algunas de mis sensaciones: Los cuatro gladiadores de la Hispania con nuestras respectivas emperatrices nos plantamos en Roma con los deberes del entrenamiento hechos dispuestos a dar la batalla en todos los campos. Primero la batalla turístico-cultural, ampliamente ganada durante los tres días previos en los que posiblemente anduvimos un kilometraje similar al que nos esperaba el día de la prueba. Lo cual, para los muchos puristas del atletismo, que los hay, no es muy recomendable que digamos. Y después la deportiva, el domingo siguiente a los “idus de marzo”, fecha del asesinato de Julio Cesar.
Respecto a la paliza cultural pensamos unánimemente que no puedes plantarte en una ciudad tan espléndida para estar enclaustrado en una habitación guardando fuerzas para una carrera en la que en el mejor de los casos, y gracias al descanso, vas a entrar en el puesto dos mil quinientos en vez del tres mil doscientos cansado por el trajín previo diario, y perderte la oportunidad de visitar los miles de monumentos que atesora y los otros placeres que guarda.
Por otro lado, puedo asegurar que el grito de ánimo: ¡Vamos España! de los compatriotas que con sus banderas nacionales esperan a los suyos y se encuentran a otro con sus mismos colores suena de forma especial. Aquí no solo suena, sino que resuena. Es para ti en exclusiva, y te da alas a los pies como a Aquiles y combustible para “il cuore”. |
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Qué salida puede compararse a la monumental desde el Anfiteatro de Flavio, el Coliseo. Estratégicamente colocado entre tres de las siete colinas romanas, Celio, Palatino, y Esquilino, que impresiona solo con su presencia. Teatro de representaciones cuya construcción se inicio durante el mandato de Vespasiano en el año 72 aC, culminándolo Tito en el 80 dC.
Arena de muerte y vida durante varias centurias. Escenario de naumaquias con zozobras como las que se experimentan en los cajones de salida los minutos previos a la carrera con el corazón a 130 pulsaciones. Espacio de luchas a cara o cruz por la victoria o la humillante derrota a la espera de que el dedo pulgar del Emperador no caiga y se mantenga mirando al cielo benevolente.
Diezi, novo, otto, sette, sei, cinque, quattro, tre, due, uno, ¡andiamo!. El trote inicial por la Vía dei Fori Imperiali, los foros de César , de Augusto , de Vespasiano , de Nerva , y de Trajano , está escoltado por sus estatuas a ambos lados de la calle a modo de espectadores ilustres de la historia vigilando a los atletas que han sido, son y serán, pasando por el irrepetible Abebe Bikila triunfador en el maratón de las Olimpiadas de Roma de 1960 , que fue capaz de correr la distancia ¡descalzo! y sobre un piso de adoquín como el que nos ofrece hoy la ciudad. Me pregunto ¿si seríamos capaces los atletas actuales de hacer semejante proeza desprovistos de nuestros calzados especializados? |
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Coliseo de Roma.
Salida por la Via dei Fori Imperiali. |
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Olimpiada que fue organizada por fin por los italianos mil quinientos noventa y siete años después de que su infausto antecesor Teodosio acabara con los juegos olímpicos de la antigüedad por considerarlos, digamos, demasiado edulcorados y finos para los gustos de los ciudadanos del imperio.
Los Foros Imperiales terminan prácticamente en la Piazza de Venecia con la magnífica Columna de Trajano dedicada al emperador originario de la Emérita Augusta, en la lejana Hispania. Columna culminada en la actualidad por una estatua de San Pedro, sustituta, en desafortunada decisión papal, de las cenizas del emperador que la coronaba en la antigüedad. La carrera bordea de paso el monumento del unificador de Italia, Victorio Manuel II, “Victoriano”.
El tránsito por el Teatro Marcelo , hijo de Augusto, en cuyo honor se construyó, es la antesala del mayestático Circo Máximo . Un “pequeño” estadio capaz de albergar 150.000 espectadores donde se celebraban múltiples actividades deportivas, desde las clásicas carreras de bigas y cuádrigas, hasta las pedestres de varias horas de duración. ¿Acaso no os suena este tiempo compañeros? ¿Cómo no te vas a sentir atleta en semejante escenario? . |
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Columna y estatua de Trajano |
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En este punto, escaso kilómetro dos de la carrera te planteas, aún con otros cuarenta por delante, si se cumplirá la posibilidad de verlo de nuevo a la vuelta, señal inequívoca de que estás a un kilómetro y medio escaso de la meta y de la nike griega o por el contrario no lo volverás a ver por ir en el fantasmal coche escoba, cofre rodante plena de sinsabores y derrotas.
Al paso por las proximidades de la “ Bocca de la Veritá” supones meter la mano en sus fauces y decir: “Maratona te voy a vencer una vez más”; sacándola a continuación incólume de acuerdo con la tradición de verdad de la leyenda. Lo mismo que te sientes transportado al Egipto antiguo al paso por la Pirámide de Cayo Cestio , en la avenida Ostiense, construida en el tiempo record de un mes a pesar de sus múltiples piedras superpuestas que la conforman. |
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Después de dirigirnos hacia el “fiume Tevere” y atravesarlo varias veces por diferentes puentes, ora pre Tévere ora Trastévere , (no dejar de pederse y cenar en las muchas terrazas musicadas de este barrio, delicioso), se llega a lo que podríamos llamar la Roma vaticanista por las proximidades del Estado del Vaticano . Con especial significado en el Mausoleo de Adriano , el celebérrimo “Castello de Sant´Angelo”, integrado en la muralla Aureliana , y convertido en fortaleza papal durante la edad media, Coronado por el arcángel San Miguel indicador del final de la epidemia de peste negra que asoló Roma en el año 590.
En el “pons Aelius” frente al castillo establecimos el primer punto de encuentro familiar, (km 14 aproximadamente). Ánimos pertinentes y a continuar sin desfallecer. Sin embargo, la carrera prosigue y atraviesa de nuevo el Tiber por el puente de Cavour ; dedicado en honor de este militar y estadista, uno de los padres de la patria italiana, colaborador en la reunificación y en la independencia de Austria. |
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Castello de Sant´Angelo |
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Bordear Sant´Angelo y enfilar la vía della Conciliazone hasta la Piazza de Pio XII, antesala de la Plaza de San Pedro , ofrece a los atletas la visión global de la Basílica de San Pedro en todo su esplendor. Los miles de visitantes se convierten por un momento en espectadores de la carrera mientras aguardan las interminables colas de acceso a la basílica. A ellos se unen y suman las columnatas de la plaza y las estatuas que la coronan. Majestuoso el tránsito por allí.
Aquí, casi como podría esperarse, la babel de lenguas permitía escuchar, junto al ¡Vamos España!, el clásico ¡Allez, Allez!, francés, y el más lógicamente mucho más abundante ¡Bravo, bravíssimi ragazzi! Y otros muchos menos conocidos en alemán, sueco, finés, rumano, polaco, húngaro, que son algunas de las nacionalidades con las que compartimos la prueba. Salir de San Pedro alrededor del kilómetro quince o dieciséis y enfilar hacia el segundo punto de encuentro familiar es todo uno. |
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Basílica de San Pedro al fondo y plaza de San Pedro |
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La pena de equipo se produce por la pérdida de uno de los gladiadores en la lucha. Cayó atrapado en la red de un enemigo inesperado y ensartado arteramente por el tridente de un virus entérico que le venía acechando y debilitando varios días antes.
Km 20, Longotevere della Vittoria , media maratón, media victoria. Km 25, Viale dei Foro Itálico , a diecisiete mil ciento noventa y cinco pasos para la meta. Km 35, Largo di Torre Argentina , una plaza recoleta, aparentemente aislada, pero que alberga en sus bajos cuatro templos dispuestos en batería, denominados A, B, C, D, con la peculiaridad de que en uno de ellos, el templo C, se produjo el asesinato de Julio César por Bruto y la conspiración de la que fue ejecutor. Estremecedor.
Iglesia del Gesú , una de las más importantes de los jesuitas en el mundo, con una bóveda espectacular lo mismo que sus diferentes capillas, admirada afortunadamente los días previos a la carrera, junto con un concierto coral en vísperas de la “corsa”. Imposible dejar de visitar.
Palazzo y Piazza de Venecia a la vista. Sentimientos encontrados aquí, de ánimo por pensar que ya estábamos a dos kilómetros de “l´arrivo”, y de desánimo al ver que los corredores que van delante toman apresuradamente la Vía del Corso para encaminarse a la Piazza del Popolo , alejándose por tanto de la imaginada meta, cuya luminosidad se vislumbra al final de la calle, extraordinariamente larga por cierto, al menos para correrla. Aún nos quedan 6 kilómetros, seis mil pasos, seis mil sufrimientos. Y el “muro” o “el tío del mazo” rondando hacia rato a punto de derrumbarse o atizar a más de uno. |
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En la Vía del Corso nos insufla nuevos estímulos otro grito en este caso más preciso. ¡Vamos Madrid!, se tarda en reconocer y localizar a la autora, posiblemente por falta de oxígeno en el cerebro. Perdón amiga.
Los pensamientos en la búsqueda de la casa de Goethe , la contemplación acelerada de la Columna Antonina , y la visión lateral della Vía Condotti , llena de un gentío ávido de compras o simplemente de ver moda, nos permite llegar desahogadamente, dentro de lo que cabe, a la Piazza del Popolo, donde nos esperan otras dos de nuestras abnegadas seguidoras junto al Obelisco Flaminio , dedicado a Ramses II, trasladado desde los templos del Sol en Karnak y las iglesias gemelas de Santa Maria dei Miracoli y de Montesanto , aunque las cúpulas de ambas son diferentes, obsérvelas con detenimiento. Mejor sin carreras y sin prisas. |
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Paso por Via del Corso, Columna Antonina y Plaza del Popolo |
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Se enfila La Vía dei Babuino , vaya con el nombrecito, ya en el Km 38, hacia la Piazza de Spagna , con la célebre Barcaccia de Bernini y los 137 escalones para la ascensión hasta la iglesia de Trinitá di Monti . Imposible de ascender en este momento y en estas condiciones. Mejor hubiera sido, y como hace todo el mundo, sentarse en cualquiera de sus escalones a ver pasar el tiempo y el mundo desde tan excelente atalaya. Ganas dan de ello.
Entramos en el antiguo estadio de Domiciano en el Campo di Marcio , léase Piazza Navona ; con su forma de U dedicada antaño a las actividades atléticas y hogaño a las mismas, al menos un día al año. Miles de romanos y visitantes ocupan las mesas de las terrazas, las cuales hacen de vallas separadoras entre el tranquilo inquilino consumiendo su aperitivo al sol y los esforzados maratoniano/as. Todo ello presidido por la obra del polifacético Bernini y la espectacular fuente de los cuatro ríos.
Y Trevi , qué decir de Trevi, cuya fontana prácticamente es más grande que la propia plaza que la alberga, atravesada ahora por la serpiente multicolor de camisetas empapadas. Animadas en esta ocasión por Neptuno junto a sus caballos y tritones, y reconfortadas por la brisa fresca del agua que emana de los “mares” tranquilos o embravecidos representados en la fuente. |
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Piazza de Spagna |
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Vía Pilotta , km 39, de nuevo Venecia, Monumento a Victor Manuel II a la vista, de nuevo teatro Marcello. Huele a meta, huele a “Vittoria”. Nadie de los que están junto a ti, y a pesar de la cuesta existente frente a todos, osaría retirarse en este momento. Por mucho dolor que experimentara llegaría aunque fuera a gatas o apoyado en los codos si fuera preciso.
Los gritos de ánimo surgen desde el Circo Máximo resuenan en la calzada haciendo levitar a los atletas. Parece que el propio Augusto desde las terrazas de su palacio en el Palatino saliese a recibir a los vencedores. Último kilómetro.
Arco de Constantino a la izquierda que recuerda la victoria del propio Constantino sobre Majencio , y a mí la del Bikila olímpico. El reprecho final para bordear el “Colosseo”, acaba por romper las piernas. Que más da ya. Los visitantes del Circo se asoman a las galerías, aplauden. |
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Fin de la carrera. Piazza Venezia |
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Últimos esfuerzos. Menos de trescientos metros a la meta. Cuesta abajo. Dejarse llevar únicamente. Señal en el suelo de Km 42. 195 pasos más nos separan de la “Vittoria”. Y por fin, la VICTORIA final.
Gracias “gladiators”, gracias reinas, gracias Roma, y arrivederci. Hasta siempre. Gaspar T. Jimeno Diestro. Profesor maratoniano. |
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