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El Sábado 27 de febrero de 2010, un fuerte terremoto sacudió Chile, eran las 03:34.17 hora local, su magnitud alcanzó los 8,8 grados en la escala Richter y generó una tragedia humana y material que no se repetía desde 1960 (fecha del último terremoto ocurrido en Chile). ---- Martina Maturana, una niña de 12 años tuvo una intuición, mucho arrojo y mayor valentía que salvó muchas vidas. Después de hablar con su abuelo que la telefoneo desde Valparaíso (ciudad costera situada a 667 Km., del archipiélago Juan Fernández), y le refirió el acontecimiento del terremoto, notó que las barcas de la bahía de Cumberland chocaban entre sí. Sin pensarlo dos veces se dirigió a la campana que da la señal de alarma en el pueblo de San Juan Bautista. Este hecho despertó a la mayor parte de los en torno a 700 habitantes que residen en la isla. Y lograron poner a salvo sus vidas. Instantes más tarde siete olas consecutivas de aproximadamente 15 mts., barrieron el pueblo, derribaron todo cuanto hallaron a su paso y segaron una veintena de vidas, entre ellas la de algunas personas que tuve la oportunidad de conocer, la de Joaquín, nieto de Jimena y Willi, una familia pionera en la isla que me acogió durante mi primera aventura a la isla, me sobrecogió. Tenía ocho años y recuerdo que cuando le conocí me sorprendió su vitalidad, tenía los ojos rojos, los labios morados y las manos arrugadas, su abuela le regañaba, había estado todo el día en la bahía bañándose y viviendo como se vive en la isla, en contacto directo con la naturaleza, nadando, brincando por todos los senderos y recovecos, siendo la verdadera alma de la isla. Todos le conocían como “puntito”. Y siempre le recordaremos porque viajará en nuestros corazones. Por todos ellos, comenzamos una campaña de ayuda y solidaridad para recaudar fondos y enviarlos para la reconstrucción de ese bello paraje en mitad del Océano Pacífico. Una isla en medio de la nada, dónde no hay bancos, donde nadie cierra la puerta porque no hay nada que temer, donde el tiempo se detiene, donde reina una paz absoluta y donde el principio máximo es la hospitalidad. Y donde hay un gran tesoro: sus gentes. Comenzamos nuestra campaña haciendo carteles para sensibilizar a toda la comunidad educativa, luego hicimos la exposición para mostrar las imágenes del antes y el después del desastre, a partir de ahí fueron surgiendo muchas ideas, todas aportadas por alumnos que cada día nos han dado una lección de solidaridad y de entrega. Algo muy alejado de la imagen que hay de ellos en la sociedad y en los medios de comunicación. Por eso, desde estas líneas quiero darles las gracias y la enhorabuena por su apoyo y su trabajo, también como no, a todos los compañeros y al personal no docente que han ido colaborando junto con los alumnos, cada uno en lo que buenamente ha podido, algunos haciendo carteles, otros marcadores, postales navideñas, aportando ideas, donando dinero, comprando la revistas, organizando la fiesta solidaria, haciendo tartas riquísimas para poder recaudar más dinero en ese mercadillo solidario (a día de hoy 4 de mayo hemos recaudado 600 euros y esperamos llegar a mucho más) o simplemente mostrando su apoyo moral con las actividades para ayudar a Chile. |
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Cerramos la campaña con una conferencia, en la que tuvimos el enorme privilegio de escuchar el desgarrador relato de Sem Dorinvil, un joven superviviente de otro gran desastre: el terremoto de Haití (donde murieron en torno a 200.000 personas). Conocí a Sem, durante la expedición de la Ruta Quetzal, 2009: Rumbo a la Isla Robinson Crusoe. Allí junto al resto de los 350 expedicionarios de 53 países, forjamos una gran amistad, compartiendo momentos inolvidables tanto en el archipiélago Juan Fernández, donde recorrimos los pasos de Alexander Selkirk (Robinson Crusoe), como en nuestra convivencia con el pueblo mapuche en la cordillera de los Andes. Por ello, una vez que se produjo el desastre todos los amigos de Sem, pusimos en marcha nuestro esfuerzo e ilusión, primero para localizarlo y más tarde para conseguir que a través de la organización de la Ruta Quetzal, se le consiguiera una beca de estudios para poder seguir estudiando en España y pudiera seguir adelante. De su exposición junto a Zoilo Gutiérrez Martínez (familia que le acoge en su casa de Villanueva de la Cañada, Madrid), sencillamente diré que fue extraordinaria, por su sencillez y su emotividad. Además, Sem nos transmitió sus inquietudes, sus expectativas y lo que me pareció más importante, (ante la pregunta de Lesly Daniela Sotomayor, una joven alumna de bachillerato (1º2), sobre cómo poder seguir ayudando a los que allí han quedado), respondió: “que les diesen una oportunidad a los jóvenes haitianos para poder estudiar y mejorar”. Mejor respuesta no sé si se podría dar, pero más noble y honesta imposible. Jamás había visto tan atentos y tan interesados a los alumnos como ese día.
A todos vosotros, gracias por haber creado y compartido en el instituto, un ambiente escolar más humano y solidario, demostrando que aunando esfuerzos e ilusiones se puede hacer más para luchar contra la desigualdad social, la injusticia y los desastres naturales. Y sobre todo, que el curriculum es mucho más que los contenidos que impartimos en el aula. Me quedo finalmente con una frase de Eduardo Galeano: “no somos lo que somos, sino lo que hacemos para cambiar lo que somos”. Pensamiento que en mi opinión, resume todo el espíritu de lo que hemos hecho juntos durante estos meses.
Jesús Luna (Profesor del Instituto y Jefe de Campamento de Ruta Quetzal) (5-V-2010)
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