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Todavía estoy emocionada, acabo de hablar con Mª Luisa, mi profesora de 2º de BUP de Geografía , ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¡25 años ¡ ¡25 años desde que empezamos el instituto!
Tras hablar largo y tendido de la vida, de aquellos comienzos, me ha pedido que escriba algo sobre los primeros días del instituto para la revista digital. Y aquí estoy, haciendo los “deberes” que me ha puesto mi profesora tras terminar de pasar mi consulta.
Sí, al final lo conseguí. Entré al instituto con la ilusión de ser médico. Y después de 25 años, me encuentro trabajando en un centro de salud en Valencia con la especialidad de Medicina de Familia . Hoy me doy cuenta de lo importante que fueron mi colegio (el República del Salvador) y mi instituto (el IB Ciudad de los Ángeles), los eslabones que me permitieron entrar a la universidad. Pero no sólo eso, también los eslabones con los que crecí, de los que tomé referencias para la vida y en los que adquirí una actitud crítica y de aprendizaje. De hecho, los primeros años de universidad no me resultaron difíciles, creo que llegué con un buen nivel del instituto .
Me siento doblemente orgullosa. Por un lado porque el instituto era un instituto público y por otro porque además era el “insti” de mi barrio, la City.
Los recuerdos que me vienen, de aquellos primeros días y años, los tengo hoy mezclados con emociones e imágenes de esa época. Si hablo de emociones me llegan la ilusión, los nervios, el coraje, las ganas de alcanzar mi meta, los sueños, la esperanza, la solidaridad, el estrés de los exámenes, el amor, la amistad, la lucha, la diversión. Y las imágenes son las de mis profesores que me parecían tan mayores, tan importantes, tan exigentes y a la vez tan cercanos; mis compis a los que fui conociendo poco a poco; las manifestaciones para reivindicar becas de estudio, eliminar la selectividad o incluso que no se cerrara el bar; los cortes de la carretera de Andalucía que en una ocasión hasta un coche se llevó sobre el capó a un alumno (Fidel); los conserjes que estaban disponibles abriéndonos y cerrándonos puertas entre otras cosas; los padres discrepando con los alumnos a veces y en otras colaborando incluso en las fiestas; los exámenes (terribles momentos esos); las amenazas de bomba para no hacer los exámenes, las clases, las aulas recién pintadas con las mesas y las sillas completamente nuevas, las pizarras verdes en la pared, el laboratorio donde apenas había material al principio, el cuarto de fotografía , la biblioteca que poco a poco se fue llenando de libros y donde podíamos quedarnos a estudiar alguna tarde, el bar con una pequeña barra y dos mesas, la sala de profesores, la habitacioncita del conserje donde había un teléfono, una mesa, una silla y una pequeña ventanita para controlar la entrada; las excursiones, los viajes de fin de curso, las salidas al centro de Madrid, las salidas al patio, el parque, las clases de gimnasia, las fiestas del instituto, las reuniones del Consejo Escolar tan intensas donde casi siempre había conflicto entre lo que proponíamos los alumnos y lo que esperaban los profes y los padres, aún así pactábamos y llegábamos a grandes acuerdos como el organizar y responsabilizarnos de hacer fiestas en el instituto para sacar dinero y poder irnos de viaje de fin de curso, por cierto todas resultaron doblemente exitosas: lo pasábamos muy bien y además conseguíamos que fueran rentables. Y siguen las imágenes viniendo a mi mente con las salidas del recreo a tomar el bocata o para acercarnos a casa de una amiga -Bego o Cristina Manso- que vivían cerca del “insti”, el camino de mi casa al “Insti” y viceversa, las conversaciones con los compis en ese trayecto, en el parque de la City, o en el pasillo mientras esperábamos a que llegara el profe de la siguiente clase.
Tras leer el artículo que escribió Mariano, miles de recuerdos han venido de nuevo a mi mente. Uno de ellos el propio Mariano, ¡¡¡ que tenía tan sólo 18 años!!!.. A mí me parecía supermayor, superserio y me inspiraba mucho respeto. Jamás me atreví a pedirle nada sin medir bien mis palabras y por supuesto con un por favor delante……y pensándolo bien ahora, recuerdo que a todo lo que estuvo a su alcance nos dijo que sí, y siempre estuvo ahí, pendiente de lo que necesitábamos en cada momento. Incluso, no olvidaré, cómo en alguna ocasión fue cómplice de uno de mis grandes compañeros del “Insti”, Vicente, con el que conocí el primer beso, el amor romántico, los primeros comics, las exposiciones de arte en Madrid…., el cual en una ocasión pidió a Mariano cierta colaboración para un regalo sorpresa. ¡Sí, estas cosas sucedían en el instituto! Además de los exámenes y otras cosas menos románticas. Vicente era del grupo de los mayores, dibujaba muy bien y era muy creativo. Realmente fue junto con Pedro (el zapatero), Nandy, El Largo, El Porrete, Fidel, Eugenio, Yolanda, Mariajosé … uno de los que marcó ese espíritu de “compañerismo” y cuidado del instituto como si fuera nuestra casa. Eran los mayores y por lo tanto tenían bastante peso específico en el “Insti”.
No lo recordaba, pero empezamos un poco más tarde de lo normal. Sí, nuestro instituto era una incertidumbre. Recuerdo haber echado la solicitud en el IB de San Cristóbal de los Ángeles, pero también barajaba otras opciones, el IB de Orcasitas, el Isabel la Católica en Atocha o el Cervantes en Embajadores. ¡¡ Estas eran las opciones a las que la gente del barrio se apuntaba hasta que llegó nuestra promoción !!. Tuvimos suerte, mucha suerte, se abrió el instituto. Recuerdo que se colapsó, creo que comenzamos 1º de BUP con 8 clases desde 1º A a 1º H .... toda la generación de la City del 70 prácticamente.
A mí me tocó 1º A…. Recuerdo la clase y a muchos de mis compañeros. Nuestra clase estaba en la primera planta al subir a la izquierda, era la última del pasillo al fondo a la derecha. Las mesas, las sillas nuevas, todo limpio. La pizarra enfrente con la mesa y la silla del profesor y un armario empotrado en la pared. Las ventanas quedaban a nuestra izquierda y daban al patio, a las pistas de deporte. ¡Cómo es la vida! Aquel día conocí a personas que han permanecido hasta hoy en mi vida y con las que he ido creciendo a lo largo de estos años. Todavía recuerdo la frase de Demetrio ( el profesor de Lengua, al que llamábamos “correcaminos” porque no paraba de moverse en clase) : aquí haréis amigos que serán para toda la vida .
Y así ha sido. Aquel año en mi clase formamos un grupito de chicas, Begoña, Mª José, Eva, Cristina Manso, Mercedes, otra Cristina, …..creo que todavía éramos muy niñas. Por otro lado los chicos: Pepe, Carlitos ( yo lo llamaba “el matemático”, era muy listo, me gustaba hacer los ejercicios con él para aprender y resolver mis dudas), Luengo, el Jime, Quino, Jose Mª, Hoyos, Córdoba….. también muy niños. De hecho al principio ni nos juntábamos. Recuerdo una especie de juego, que nos permitía tontear y aproximarnos. No sé si me perdonaran mis compis que ahora lo cuente. Bueno, los chicos crearon un “comité” que básicamente consistía en reunirse para decidir a qué chica secuestraban y la bajaban a la planta baja por las escaleras que daban a una puerta sin salida……por lo que las chicas tuvimos que organizarnos en un “anticomité” para poder “rescatar a la chica secuestrada”….. pues a esto estuvimos dedicándonos prácticamente el año de primero en los descansos entre clase y clase….Claro que los otros grupos que estaban en las aulas más cercanas a los servicios, se dedicaban a hacer guerras de agua y mojar a las chicas…(esto lo sé porque alguien -Luis Coldo- de aquel lado del pasillo me lo ha contado).
Otra especie de travesura, que no sé si alguna vez algún profe descubrió, consistía en que algún chico de clase se quedara encerrado en el armario empotrado del aula mientras el profe daba la clase. Esto hacía que nos pasáramos toda la hora pensando si nuestro compi lo resistiría o saldría en cualquier momento… por supuesto que siempre lo resistieron. Un día llegaron a meterse en el armario 15 chicos de clase… uf!!!!!! Fue muy divertido verles dentro plegados y saliendo después medio axfisiados.
Con el tiempo fui conociendo a los alumnos de las otras clases, Minerva, Ester, Javier, Jose, Viki, Maricarmen,…otros que venían ya del mismo colegio, Angel, Bea, África……y muchos más. Hoy en día sigo manteniendo una estrecha relación con Begoña. En 2º de BUP seleccionaron su dibujo, una cuchara en una escalera , para ser dibujada en una de las paredes del insti, en concreto al subir las escaleras para acceder a las aulas. Con Carlitos seguí manteniendo el contacto después, al menos tres veces al año: nuestras felicitaciones de cumpleaños y la tarjeta de navidad. ¡¡ así 25 años también!!!! ¡¡¡Si no lo escribo, no lo creo!!!. El resto de relaciones se fueron diluyendo en el tiempo al seguir cada uno diferentes caminos. Aunque curiosamente, tras la reciente celebración del 25 aniversario algunos hemos retomado el contacto y hasta hemos empezado a quedar para irnos a bucear y compartir actividades de tiempo libre juntos.
El curso terminó y comenzaron el resto de los años académicos. Los profesores de aquel primer año se fueron, bueno todos no, quedó Vicente el profe de Religión. Y llegaron nuevos profesores, nosotros nos hicimos poco a poco más mayores. Se organizaron las elecciones para el Consejo Escolar donde tuve la suerte de participar junto con Eugenio, Adolfo y Pocholo. Votamos la nueva junta directiva, hubo que elegir entre dos candidaturas. La de Antonio (el Hinkli, se parecía a un personaje de TV) y la de Luis Peña (un excelente profesor de Física que hizo que el examen de Selectividad resultase de lo más sencillo ). Se montaron los talleres de teatro, el primer año representamos La Zapatera Prodigiosa de Lorca en el Centro Cultural Bohemios; al siguiente año Bajarse al Moro de Alonso de Santos y finalmente Lisístrata. Esta última llegamos a representarla en el teatro romano de Segóbriga. He de decir que mi afición al teatro continuó en la universidad y actualmente continúo participando en una Escuela de Teatro en Valencia.
Los profesores de aquel primer año, recuerdo que estaban muy motivados, nos hacían trabajar pero también nos enseñaban mucho y bien. Eduardo aprovechando las clases de Geología nos llevó a la Sierra de Madrid a ver los cortes de las fallas y sus estratos. Jesús Haro nos proyectaba sus “diapos” de Historia del Arte. Recuerdo la primera vez que vi el Duomo de Florencia, aún años después cuando viajé por primera vez a esta ciudad, recordé sus diapositivas . En otra ocasión organizó una escapadita al Madrid de los Austrias, creo que tomé mi primer bocadillo de calamares en la Plaza Mayor y aún recuerdo las fotos que hacía a los grafitis que había en la ciudad -hasta el graffiti del “muelle” nos lo puso alguna vez en clase y comentó que ”eso también era arte en la calle”. Por cierto, Jesús algunas veces comentaba en clase que éramos más infantiles que el resto de los grupos, nos comparaba creo que con 1º B. Según él, siempre nos veía en chándall, claro que después de su clase nos tocaba la de gimnasia con Lucía. Debía ser verdad, porque ¡todavía me acuerdo de cómo eran los chandalls de mis compañeros!
Demetrio, al que ya he nombrado antes, era duro, nos hacia trabajar, analizar oraciones del derecho y del revés. El profe de Matemáticas, que llegaba en moto, dejaba su casco en la mesa y nos ponía a trabajar; Antonio que nos daba Inglés…y cómo no, Vicente el profe de Religión, que venía con la guitarra y nos enseñaba las versiones de “Sonrisas y Lágrimas” pero en español. ¡Todos, todos ellos, mostraban mucho interés y la verdad que nosotros también!. Creo que todos sabíamos lo que había costado conseguir un instituto en el barrio y enseguida empezamos a sentir que era algo nuestro. Entre todos teníamos que conseguir que se equipase con material y que, tanto los alumnos como los profesores, nos sintiéramos a gusto allí dentro.
Para mí ha sido una enorme suerte poder estudiar en el “Insti”, haber conocido a todas las personas que en esos años estaban ahí, con las que aprendí, tropecé, también me equivoqué, aprendí otra vez.., y en definitiva fui creciendo, viviendo lo que la vida me fue poniendo esos años y que posteriormente me ha ido llevando adonde estoy ahora. Es un gran privilegio estar escribiendo después de 25 años una redacción para la revista digital del Instituto (por cierto, también teníamos revista, se llamaba “el Gallinero”, Vicente hacía las viñetas) y una enorme suerte haber vuelto a contactar con María Luisa, Mariano, Pepe, Carlitos, el Coldo, Vicente, Alisu, Pedro Pablo, Nandy, el Luque, Luengo……Quiero aprovechar y dar las gracias a todos los profesores que han pasado por nuestro instituto, por el tiempo y la dedicación que pusieron; a nuestros conserjes Isabel, Mariano, Pepe; a los padres que estaban en el APA y por supuesto a mis compañeros y compañeras de aquellos años. Juntos compartimos ese periodo en el que entramos como niños y salimos siendo tan sólo adolescentes a los que nos quedaba todavía mucho por aprender. Me siento muy orgullosa del barrio, del Instituto y de todas las personas que encontré en ese tiempo.
Sólo decir GRACIAS, otra vez !
Pilar BOTIJA YAGÜE, ex-alumna del instituto.
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