Por qué SIRINGA
2009 Revist@ digit@l del IES Ciudad los Angeles
       

Con estas "Historias del Instituto", Jony ganó el Concurso Literario 2008-2009 del instituto el pasado mes de mayo, siendo entonces alumno de 1º de Bachillerato de Humanidades y CCSS.

 

Primero el hombre aprende a andar y hablar. Más tarde a sentarse y mantener la boca cerrada. Muchos son los que deambulan por la vida intentando caminar erguidos, buscando el confort en las sillas, taburetes, hamacas, sillones, etc. Hasta que encuentran ese sofá-cama que velará su placentero descanso hasta el final.

Desde mi etapa más pueril siempre he pensado que la transición del colegio al instituto no sería tarea fácil. Ahora que soy un veterano aquí, me gusta pensar que me equivocaba.

Aquí es donde aprendí que Cristóbal Colón descubrió un nuevo continente en el que ya había gente. Donde viví realmente por primera vez. Conocí a Laura, mi primer desengaño amoroso. Aquella chica me hizo pensar que el amor no es más que una conclusión equivocada, basada en datos insuficientes.

 En el instituto es donde fumé mi primer cigarro, tragándome las penas y soltando un humo tan gris y oscuro como mi esperanza. Donde tuve mi primera pelea con aquel muchacho que dábase infúlas de rey mientras caminaba por los pasillos repartiendo miradas perdonavidas. Fue en aquel momento cuando caí en la cuenta de que en una batalla no hay vencedores.

Aquí es donde me preguntaron el significado de aquel vocablo tan aparatoso. Y donde aprendí que no has de quedarte con la duda.

Donde conocí a Pedro, mi primer mejor amigo, con el que compartía sonrisas en los buenos momentos, y con el que podía romper a llorar en los malos.

El instituto es el lugar donde aprendí a valorar la amistad. Donde me encontré por primera vez con gente que dedicaba su vida al estudio. Aquellos empollones que cada vez que decían algo únicamente entendías los artículos y las preposiciones.

Aquellos que te decían “he sido atacado por un estreptococo beta-hemolítico”, para decirte que tienen anginas.

Es el lugar donde aprendí que la información es el poder, que la vida es un juego, y que aunque seamos peones, con inteligencia podemos convertirnos en piezas muy poderosas.

En definitiva, lo que he aprendido aquí es que quiero escribir sobre lo que sé. He aprendido que bien no sé nada. He aprendido a relajarme conmigo mismo, como ahora, sentado en esta silla con el único fin de sacar de este folio petróleo.

He aprendido que lo que quiero es esto, relajarme y escribir. Puedo escribir hasta sentir estar perdiendo la cordura, hasta ignorar lo que ya sé, hasta saber que bien no sé nada. Hasta nadar hacia un futuro buceando en el pasado, hasta agradecerle a este presente la educación que me han dado.

Y eso es lo que hago yo en este relato, acordarme de esas cosas buenas que salieron del instituto hasta llegarme a mí. He sacado mil moralejas de este centro y entre ellas he escogido una que siempre está presente:

  “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”.