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| Revist@ Digit@l del IES Ciudad los Angeles |
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OTROS MUNDOS, OTRAS CIVILIZACIONES |
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por Jesús Luna Torres. Profesor de E. Física del IES C. los Ángeles y Jefe de Campamento de la Ruta Quetzal |
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El 4 de marzo de 2009, salí del aeródromo de Tobalaba, en Santiago de Chile. Eran las 11:30 de la mañana. Mi destino la mítica Isla de Robinson Crusoe. El cielo estaba despejado y el día se presentaba luminoso. Volamos el comandante de la nave D. Pedro y yo. Nadie más. La emoción me embargaba, sobre todo, al ver que después de varios días con mal tiempo durante los cuales se había interrumpido el servicio de vuelos con la isla, éste se había reanudado con la llegada del buen tiempo. |
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En el aeródromo de Tobalaba y de copiloto rumbo a la isla Robinson Crusoe |
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Comenzaba una aventura hacía la fantasía y la historia que inspiró a Daniel Defoe al escribir las Increíbles y Sorprendentes aventuras de Robinson Crusoe (1719). |
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Nuestro vuelo tenía el nombre de "Víctor Zulú". -Acomódate y ponte los cascos, así podemos charlar durante el vuelo-, me indicó el comandante. No me lo podía creer, estaba de copiloto de la avioneta. Acto seguido me asaltaron miles de dudas. ¿Cómo se aterriza con un cacharro como éste? ¿Qué autonomía tiene de vuelo? ¿A cuántos pies volábamos? Todas estas preguntas fueron contestadas muy amablemente por el piloto con la tranquilidad de una persona a la que le sobra el tiempo y puede dedicárselo a los demás. Las dos horas de vuelo se me hicieron cortas, sobre todo cuando me explicó su experiencia y me dio algunos consejos sobre la isla en la que vivió durante dos meses. Se notaba que había recorrido toda su extensión y conocía al dedillo todos sus rincones.
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El vuelo sobre el Océano Pacífico, el mayor y más profundo de todos los que existen fue espectacular. Un mar de nubes apenas dejaba entrever su inmensidad. Pero la imaginación nos recordaba cuántas aventuras e historias se habían desarrollado en él. |
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Puerto Inglés y monumento a Alexander Selkirk |
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-¡Fíjate en el radar, dentro de pocos minutos aparecerá la isla! Bueno, espero que siga ahí. Durante el trayecto oímos una conversación por radio desde la isla al continente, algo muy habitual: - hay un marinero con una encía infectada. Pido consejo y tratamiento al respecto”. La contestación no se hizo esperar: “tratamiento con analgésicos y antibióticos, evacuación al continente en cuanto se pueda… Estamos a 667 km del continente y aquí estas cosas se viven con normalidad, aunque con la sensación de estar en el fin del mundo.
Por fin, aparece la majestuosa isla bajo las nubes, en el archipiélago de Juan Fernández, denominado así porque fue este navegante español, nacido en Cartagena (Murcia) quien lo descubrió, allá por 1574. Este aspecto no lo ha pasado por alto nuestro expedicionario jefe: Miguel de la Quadra-Salcedo que ha propuesto el hermanamiento entre ambas localidades.
En los siglos XVII y XVIII las islas fueron visitadas y usadas como refugio ocasional por corsarios y piratas. En 1704 fondearon en la isla "Más a tierra" como antiguamente se llamaba la isla Robinson Crusoe (cuyo nuevo nombre data de 1966), los barcos ingleses Saint George y Cinque Ports. Uno de los marinos del segundo navío fue dejado en la isla sin más equipo que una biblia, un cuchillo, un fusil, un hacha, una libra de pólvora, un poco de tabaco y una caja de ropa, su nombre: Alexander Selkirk. Su aventura duró cuatro años y cuatro meses. Su relato al regresar a Inglaterra inspiró a Daniel Defoe al escribir su famosa obra.
-¿Has aterrizado alguna vez en un portaviones?, me preguntó el comandante Pedro a través de los cascos. -No, le respondí yo. Y fue cuando al frente en la franja más estrecha de la isla divisé a lo lejos una diminuta pista, tan pequeña desde el aire que se me estremeció todo el cuerpo. -Qué hay detrás comandante. -¿Detrás?, el acantilado, me respondió tranquilamente. Fue entonces cuando sentí el vértigo de las norias y de las atracciones cuando te montas de pequeño y te baila el estómago como si te lo recorrieran miles de hormigas. Fueron unos minutos pero a mí me parecieron horas, mientras la avioneta se acercaba a la pista, después un bote, dos botes y un derrape de la cola me dejaron sin aliento. El comandante ni se inmutó. |
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Una vez en tierra me sentí a salvo. Me esperaban Fernando Sancho (Secretario Municipal) e Iván Leiva y Guillermo,de la CONAF(Corporación Nacional Forestal). Comenzaba nuestra caminata a pie (18 Km) que nos separaba de toda civilización. El camino era bellísimo, primero desértico y pedregoso, después verde y selvático. Los acantilados majestuosos se mostraban a un lado y a otro. Junto a cada paso que dábamos, cientos de diminutos saltamontes saltaban alrededor nuestro. Era tal la cantidad de estos insectos que se te metían por toda la ropa, incluso teníamos que tener cuidado de no abrir mucho la boca pues alguno acababa dentro de ella. No obstante, dentro de estas situaciones de escasez tampoco viene mal un aporte de proteínas. Nuestros amigos de la CONAF me iban informando a cada paso de las maravillas de la isla, declarada por la UNESCO Reserva Mundial de la Biósfera (1977). Sin embargo, también me comentaban los problemas que tienen con las plagas (conejos, chivos y las especies vegetales) introducidas desde el continente en otras épocas.
Uno de los aspectos que más llama la atención durante la caminata son las loberías, comunidades de lobos marinos de dos pelos que son endémicos de la isla. Cientos de animales que se agolpan en tierra o bien flotan en el mar mecidos por las olas y las mareas. Sus movimientos son ágiles y veloces en el mar pero lentos y torpes en tierra. |
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Conociendo la flora de la isla |
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Con los lobos marinos de dos pelos |
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Estos mamíferos fueron durante el siglo XVIII y XIX objeto de una caza indiscriminada por parte de loberos o skinners ingleses, franceses y norteamericanos. Sólo estos últimos, entre 1788 y 1809, operaron con alrededor de 74 navíos exterminando a más de cinco millones de ejemplares, todo lo que cual llevó a la especie al borde de la extinción.
Es un hecho curioso pero cuando uno se acerca a estos animales y nada con ellos, siente una gran ternura y empatía sobre todo con las pequeñas crías. Por ello, me parece inconcebible que el hombre se haya dedicado a matarlos y esquilmarlos, llevando a la especie al borde la extinción por el negocio de su piel. Algo verdaderamente inhumano y despiadado. Hoy en día es una especie protegida por la CONAF existiendo alrededor de 10.000 ejemplares en la Isla Selkirk y 6.000 ejemplares en la Isla Robinson Crusoe y Santa Clara. Peor suerte corrió el Elefante Marino que durante aquella época fue extinguido de las islas. Este hecho fue demostrado por primera vez para la ciencia en base a un cráneo hallado en el archipiélago. Ojalá algún día aprendamos a respetar la naturaleza.
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El desnivel es escaso y seguimos caminando. Por todos lados se ven correr conejos. Iván Leiva, uno de nuestros guías nos informa de que está permitido cazarlos, siendo el único parque nacional de Chile donde está permitida la caza. Al frente el majestuoso Yunque, la cima más alta de la isla (915 m) con su vegetación endémica: la Yunquea Tenzil,una compuesta gigante que resguarda la cima del Yunque y todo un símbolo del endemismo de la flora isleña, además sumamente escasa y exclusiva de esta misteriosa y casi inaccesible cima, por lo cual se desconoce su biología. Cuando llevamos tres horas de marcha paramos en el Sector de Villagra, donde tomamos una frugal comida. De las laderas salen pequeñas cascadas y riachuelos que riegan toda la isla y calman nuestra sed. Nos queda la parte más dura, la ascensión al Mirador de Selkirk (565m.), donde según cuenta la historia subía todos los días nuestro famoso náufrago para otear el horizonte con la esperanza de ser rescatado. La vegetación ha cambiado por completo. Todo está verde y encontramos por todas partes pangues o nalcas, la planta gigante que posiblemente sirvió a Selkirk de paraguas en la isla. También se aprecian las majestuosas chontas (al borde de la extinción por el valor de su madera) palmeras que destacan en las cimas de los cerros y en las laderas. Nuestra ascensión duró dos horas por un piso de piedras, barro y vegetación exuberante que nos envuelve en torno a la fantasía y la historia. ¿Habría transitado por aquí nuestro personaje durante sus cuatro años de soledad? Lo más probable es que se recorriera toda la isla, pero ese camino más, ya que es el paso natural de dos vertientes, la este-oeste. Y además se divisan perfectamente todos los horizontes posibles por donde podía llegar la salvación. En el mirador la vista no puede ser más extraordinaria, a un lado el poblado San Juan Bautista, al otro la Isla Santa Clara y el camino recorrido. El mar envolviéndolo todo nos recuerda dónde estamos. Aquí subía Selkirk todos los días. Hay dos placas muy significativas en este lugar, la primera de los descendientes del náufrago, la segunda de un barco inglés. Aquí uno siente la historia bajo sus pies y no tiene más remedio que recordar la aventura de este hombre. ¿Cuántos días habría subido allí con la esperanza de encontrar en el horizonte un barco que le rescatase de su soledad? Cuántos pensamientos se agolpaban en mi cabeza. ¿Cómo se las arregló, qué pensaría durante sus largos días y noches en la isla? ¿Qué le mantuvo con esperanza?. |
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En el Mirador de Alexander Selkirk |
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Protegiéndome del sol con un pangue |
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En la supuesta choza de Alexander Selkirk |
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Un toque en la espalda me devuelve a la realidad, hay que comenzar el descenso, comienza a anochecer. Enfilamos la vereda estrecha que nos lleva abajo, a mitad de camino otra gran sorpresa, la supuesta choza donde vivió Selkirk, una base de piedras formando un rectángulo y la proximidad al río la hacen ser un lugar idóneo, también por la distancia a la cima, lo que facilitaría la ascensión todos los días. No obstante, siempre existen dudas y controversias al respecto. Extenuados y de noche llegamos al poblado de San Juan Bautista después de siete horas de caminata. Como si el destino nos quisiera jugar una broma, el poblado estaba a oscuras, una pieza del motor que abastece de luz al poblado está rota y no hay por ahora recambio, hasta que lo traiga el barco de la armada chilena que cada mes hace el trayecto con víveres y pasajeros residentes en la isla. La luz va por sectores, horas y días hasta que la pieza venga del continente. Entonces Selkirk vuelve a mi pensamiento y mirando la luna resplandeciente pienso para mis adentros: yo naufragué en la Isla de Robinson Crusoe, trescientos años después. |
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Pescando las famosas langostas de Juan Fernández con Wili |
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